110 Kerwin
Llegamos exhaustos al refugio. Por suerte, no ha habido rumores de persecución, pero tememos que puedan seguir nuestras huellas. Antes de descansar, decidimos realizar otra incursión en la clarividencia del virus. Esta vez nos sentamos alrededor de la mesa de comida. Tras cogernos las manos, cerramos los ojos y nos concentramos en el grupo que








