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8 Simón

17 mayo, 2019
2 Simón

Entendemos claramente lo que dicen. Un escalofrío nos recorre las entrañas al descubrir lo que está pasando.

-¿Habéis oído eso? -pregunto refiriéndome a lo escuchado en el interior de la fábrica abandonada- ¡Estamos en peligro!

-No te apures -me calma Lumi-. Seguro que es otra falsa alarma. Hace poco escuché rumores sobre un virus mortal, y aquí estamos todos -lo miramos al tiempo que sonríe-: sanos y de una pieza.

Aun así tengo un extraño presentimiento. Lo que hemos escuchado ha sido al menos inquietante. Ese ser, lo que quiera que sea, está en nuestro mundo y no sólo lo sé por lo que acabamos de escuchar… un escalofrío me hiela la sangre. Estoy completamente seguro. Se trata del mismo ser con el que he soñado noches atrás. Me persigue, en la noche, desafianzo mi subconsciente, jugando con mi vulnerabilidad. Es un alma errante atraído por mi energía. Y lo peor de todo… ¡es real! No es fruto de mi imaginación. Los visitantes lo están buscando. No debe estar muy lejos…

-¡No podemos quedarnos aquí! -nos avisa Danny sacándome de mi meditación- Tenemos que regresar antes de que nuestros padres vuelvan y se den cuenta de que no estamos.

La calle vista desde esta perspectiva parece una trampa. La penumbra es mas evidente aquí. Las luces se encuentran muy lejanas y las sombras se alargan hasta perderse en el horizonte. Caminamos por donde hemos venido, recordando nuestro recorrido. Se hace muy difícil. Cada vez hay más oscuridad. Esto antes no era así. Se vuelve a fundir otra farola.

-Amigos, no dejéis de hablar. Podemos perdernos.

-No me gusta esto -comenta Helen asustada.

-Sólo tenemos que llegar a la siguiente esquina y entonces girar hacia el norte. Esa calle estaba mejor iluminada. No tendremos problemas.

Ojalá sea así. A mí ya se me está haciendo largo el viaje. No puedo dejar de pensar que en cualquier momento me voy a encontrar con el ser encapuchado. El terror me invade. El silencio se va apoderando de nosotros a pesar de las advertencias de Lumi. Hasta se puede escuchar las palpitaciones de los corazones, a una velocidad endiablada.

-¡Quietos! -grita Danny– Tenemos que tocar las paredes para saber cuando tenemos que girar.

Tiene razón. La oscuridad nos ha invadido tanto, que ha ocultado hasta la penumbra. La pared ahora no llega hasta nuestro halo de visión. Nosotros, sólo nos podemos ver cuando estamos cerca. Danny se aleja para palpar la pared y en un par de metros es engullido por la oscuridad. Estamos propensos a que un animal salvaje nos ataque o alguna desgracia nos ocurra.

-Chicos… -murmura Danny aterrado- ¡Aquí no hay pared!

-Mira que me lo temía. -comenta Helen.

La calle está tan oscura que no hemos visto la esquina para girar al norte. Es extraño, porque la calle que baja tenía bastantes farolas. No entiendo como hemos seguido caminando sin percatarnos de las luces. Sea como sea, ahora tenemos que enmendar nuestro error.

-Deberíamos regresar…

-¡Silencio!

Un crujido azota en la oscuridad. Viene desde atrás. El rumor nos espanta. Encontrarnos ahora con una bestia, un animal salvaje, podría ponernos en una situación muy comprometida. La noche siempre trae estos seres, enemigos temibles. Las marcas en las paredes y los ratros de sangre no se hacen solos. Muchos han caído caminando por estas zonas a estas horas.

-Debemos continuar. No sabemos que puede ser eso.

El crujido es precedido de pasos. La oscuridad lo oculta, pero si es una bestia, nos estará viendo sin el menor esfuerzo. Estamos expuestos. La desgracia puede caer sobre nosotros. Avanzamos hacia el oeste intentando no llamar la atención, hasta que dejamos ese sonido atrás.

-¿Y Danny?

-Nos lo hemos dejado, intentando esquivar ese ser.

Hablamos aun entre susurros. Estamos temerosos de regresar, pero tenemos que hacerlo para buscar a nuestro amigo. Ahora, el silencio es absoluto y nos pesa. Estamos en mitad de la negrura, con la losa del silencio… como nunca nos habíamos visto en nuestras vidas.

-¡Ay, que lo hemos perdido!

-¡Maldita la hora en la que salimos! -grito cabreado.

-Sabíamos que era peligroso y aun así decidimos venir -nos calma Lumi-. La culpa es de todos, pero no tenemos que buscar culpables. Hallemos una solución.

A continuación nos quedamos todos pensativos, tratando de trazar un plan para escapar de esta niebla negra, o en el mejor de los casos, encontrar a Danny.

-Regresemos con los demás y cuando lleguen nuestros padres, contémosles lo sucedido y que sean ellos los que vengan a buscarlo.

-¿Y si le pasa algo? ¡Había algo allí!

-No podemos volver nosotros. Si es una bestia de verdad, posiblemente esté muerto y nosotros no tendríamos ninguna posibilidad de salvarle. Si no es una bestia, no le ocurrirá nada, y podrá esperar a que los adultos lo busquen.

Por fin alguien que habla sensatamente. Ariel es el único que puede razonar a estas alturas. Danny estará bien. Darío aun nos protege en la noche. Mientras el rey viva, tenemos un seguro de vida. Pero no tentemos a la suerte. ¡Volvamos enseguida!

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