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126 Helen

19 enero, 2011

Me levanto antes que los demás para ayudar a preparar la comida a la anciana. Las reservas del silo son escasas. Pronto tendremos que salir a buscar más.

-¿Entonces en el pueblo no queda nadie más?

-Sí quedan -me responde-. Pero están escondidos. No desean que los vean agonizar y mucho menos perder la cordura.

-Pero… ¿sabéis donde encontrarlos? Necesitamos toda la ayuda posible.

Me mira triste.

-¿Crees que merece la pena alargar la vida en estas circunstancias?

-El gobierno ha tenido en su mano salvarnos y no lo ha hecho. No podemos rendirnos tan fácilmente. Deben saber que hemos sobrevivido y estamos muy enfadados.

-¿Y de qué servirá? Este mundo está condenado a la destrucción. Lo hemos visto en las visiones.

-¿Qué habéis visto? -pregunto intrigada.

-Las profecías, el cumplimiento de El enigma de los dioses. Todo está escrito y todo sucederá como fue profetizado por los dioses. No hay nada que podamos hacer para cambiarlo.

-Pero eso no es así. El virus es la prueba evidente de que el destino se puede cambiar…

-No ha sido cambiado sino adelantado. Nos encontramos en el fin del mundo. La corriente del tiempo avanza sin piedad…

-¡Pero igual que ha sido adelantado, se puede atrasar… y cambiar! Podemos intentarlo…

Un segundo de tensión vence sus reservas.

-Está bien os ayudaremos. Siempre será mejor que no hacer nada.

Continúa leyendo 127 Jonhy; la primera crónica, o visita el índice de Los reinos del sur,
la primera novela de la trilogía, El enigma de los dioses.

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