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Un nuevo miembro

8 enero, 2017
Un nuevo miembro

Traigo una nueva obra escrita por mí. Este es el primer capítulo y la obra se llama “Más allá de la amistad”, por lo que es evidente que es una obra de amistad y amor. Daré una sinopsis muy breve de lo que trata en el artículo donde enlace los capítulos al igual que siempre.

Orión

La amistad, algo que para algunas personas no ha sido nada fácil definir. Aunque eso es algo ligeramente extraño, ya que hablo de personas que siempre han contado con el apoyo y el cariño de aquellos a quienes han llamado amigos. Sin embargo, mi sorpresa no es muy grande por el hecho de que esas personas no supieron apreciar muy bien lo que significa la verdadera amistad, no supieron apreciar a sus amigos tal y como deberían haber hecho y como consecuencia, se habían visto envueltos en numerosos problemas.

Afortunadamente para mí, yo no soy una de esas personas, pues he tenido dos grandes amigas desde hace bastante tiempo y siempre he sabido apreciarlas. Mis dos amigas son Estrella y Mónica.

Mónica fue mi primera amiga. Siempre ha sido una chica muy apasionada por el amor, y nos lo demostraba continuamente invitándonos a Estrella y a mi a su casa, donde veíamos múltiples películas románticas. Era muy guapa y su cabello era muy largo. No obstante, sentía un poco de vergüenza por sus propios kilos de más. No lo recuerdo con certeza, pero creo que la conocí cuando tenía 10 años. Yo también estaba gordo, pero no le daba importancia ninguna, pues un cuerpo bonito no es lo realmente bello, y era lo que siempre le decía.

Estrella se convirtió en mi amiga poco tiempo después. Conoció a Mónica mucho antes que yo. A diferencia de Mónica y de mi, Estrella era una chica delgada (atractiva me atrevería a decir), aunque también era tan guapa como Mónica.

Los tres comenzamos una gran amistad hace 6 años, cuando teníamos 13 años cada uno.Yo me encontraba en mi habitación leyendo “Demian” de Herman Hesse, cuando de pronto escuché la voz de mi padre.

  • Orión, Mónica está al telefonillo.
  • De acuerdo, le diré que suba si no te importa.
  • Preferiría que dieseis una vuelta. Tu madre está durmiendo y sabes que no es conveniente despertarla- me respondió mi padre
  • Sí, es verdad- dije recordando la última vez que la desperté -Mónica, no podemos subir a mi casa, así que bajaré y daremos una vuelta. ¿Te parece bien?- le dije a Mónica cuando me puse al telefonillo.
  • Claro. Además he venido con una amiga. Estoy segura de que os llevareis muy bien.

Le respondí que no tenía ningún problema, aunque me daba un poco de corte. Nunca había quedado con otra persona que no fuese Mónica, y esto me sorprendió notablemente, hasta cierto punto que me sonrojé.

Mientras bajaba las escaleras estaba muy nervioso, haciéndome mil preguntas en un solo segundo. ¿Nos llevaremos bien? ¿Qué pasará si realmente es diferente a nosotros? ¿Se convertirá en una gran amiga para mi también? ¿O tal vez será mi peor enemiga? Similares preguntas recorrían mi mente hasta que vi a Mónica y Estrella. La primera vez que vi a Estrella fui incapaz de articular palabra: su rostro era realmente hermoso, su delgado cuerpo era digno de una diosa adorada por sus millones de creyentes, y su largo pelo parecía bañado en oro. No tardé en volver al mundo cuando mi querida amiga me habló.

  • Orión reacciona -me dijo Mónica- Esta persona que contemplas a mi lado es Estrella, es una buena amiga mía que conozco desde hace mucho. Estrella -dijo mirándola a ella- él es Orión, aquel amigo del que te estuve hablando frecuentemente. Te he traído aquí porque me gustaría que mis dos mejores amigos se conocieran, y me haría muy dichosa que seamos los tres parte de la misma pandilla.

Estrella no dijo nada. Al igual que yo, se encontraba muy sonrojada y tenía la cabeza agachada. Sin embargo, la vergüenza que yo sentía en aquel momento terminó por desaparecer, pues pensé. “Es una amiga de Mónica, ¿Por qué tiene que pasar algo malo?”

  • Mucho gusto, mi nombre es Orión y estoy encantado de conocerte.-le dije mientras le tendía mi mano.
  • Encantada Orión, yo soy Estrella -me respondió aun sonrojada y con la cabeza aún agachada.
  • Eres tan extrovertida como siempre querida. -Dijo Mónica mientras se reía.

Ese fue el comienzo de una gran amistad entre los tres: salíamos siempre que disponíamos de tiempo libre, nos reíamos continuamente de las trastadas que hacíamos y de vez en cuando nos quedábamos en casa de Mónica a dormir. En definitiva, éramos un grupo de tres perfecto. Hubo un tiempo en el que éramos 4 miembros: Hace 4 años, cuando teníamos 15 años, conocimos en un bar a un chico llamado Samuel, el cual nos trataba amablemente a los tres, principalmente a Estrella, aunque esta se mostraba igual de tímida como conmigo cuando la conocí. Sin embargo, por algunas circunstancias, tuvo que marcharse. Tras despedirnos de él en la estación de trenes, recuerdo que Mónica me había preguntado:

  • ¿Crees que Estrella y él podrían haber acabado juntos?
  • No lo sé, pero ahora que lo dices, sería muy interesante.
  • Sí, pero más lo sería si fueses tu quien se enamorara.
  • ¿A qué te refieres? Le pregunté sonrojado.
  • Nunca te has enamorado de nadie Orión, me atrevería a decir que eres tan frío como un iceberg y nunca te fijas en mujeres. Lo que quiero decir es que eres como un hermano para mi, y me agradaría tener una cuñada. ¿Por qué no te enamoras de una vez?
  • ¿Qué tipo de mujeres te gustan Orión? -Me preguntó Estrella metiéndose en la conversación.
  • No quiero responder a esa pregunta, -dije tímidamente mirando a Estrella- pero tengo una cosa clara: Nadie puede elegir de quien se enamora ni cuando, y tu eso lo deberías saber ya, Mónica.
  • Sí, lo sé… -dijo con un tono de tristeza- yo no he encontrado a nadie por culpa de este cuerpo.
  • Si no te gusta tu cuerpo, ¿Por qué no haces un esfuerzo para adelgazar?- Propuso Estrella
  • Lo siento, pero yo no estoy de acuerdo -dije contiendo una gran rabia en mi interior y proseguí- Mónica, entiende que el mundo no es un maldito concurso de belleza tras otro. Es absurdo que te empeñes en adelgazar solo porque quieres gustarle a los chicos. Aquellos y aquellas que aman el físico no han de decir que están enamorados. El amor por el físico no es amor en lo absoluto. Su verdadero significado es desear de manera especial a una persona sin importar si es guapa o fea, bajita o alta y gorda o flaca. La personalidad, la forma de ver el mundo y la manera en la que trata a sus seres queridos es de lo que todo el mundo debería enamorarse, sin importar tampoco si es hombre o mujer. Eso es el amor y el físico a su lado es algo totalmente irrelevante.
  • Orión… -dijo Estrella, sin poder articular ni una palabra más.
  • La personalidad, la forma de ver el mundo y la manera de tratar a los seres queridos. -repetía Mónica mis palabras- quizá yo estaba equivocada al fin y al cabo. Gracias Orión por abrirme los ojos. Bueno, creo que nos deberíamos ir, se está haciendo tarde y nuestros padres se van a preocupar.
  • Tienes razón, vámonos.

Estrella aun seguía sentada, mirándome con la boca abierta por todo lo que había dicho, pero Mónica la hizo reaccionar, se levantó y nos fuimos. La casa de Mónica fue la primera que encontramos. Tras despedirnos de ella nos fuimos Estrella y yo. Su casa se encontraba en una calle muy oscura, y yo tenía miedo de que ocurriera algo.

  • ¿No quieres que te acompañe?- le pregunté a Estrella
  • ¿Temes que me pase algo verdad?- me dijo con una sonrisa.
  • En parte sí, pero por otro lado pienso que quizá temes a la oscuridad.
    Tranquilo -me respondió entre risas- la oscuridad solo me transmite una sensación cálida de tranquilidad, pero si te apetece, no tengo ningún inconveniente.
  • Entonces iré contigo.
  • ¡Fue impresionante todo lo que le dijiste a Mónica!- me dijo mientras caminábamos.
  • No es impresionante, solo es mi opinión y lo que pienso. Se lo quería decir desde hace tiempo, pero no encontraba el momento oportuno. Estoy seguro de que ya no se sentirá más acomplejada.
  • Eso no es cierto -me respondió- es evidente que había entendido tus palabras, pero no va a cambiar totalmente de idea hasta que encuentre a una persona que la quiera por todo lo que tu has dicho. En este mundo no solo basta con saber, sino que también hay que demostrar, y eso lo has de tener en cuenta también. Además, también se siente avergonzada de su cuerpo por culpa de esos infelices.
  • Sí, tienes razón, no entiendo porque ellos…
  • ¡¿Quién eres?! Dijo Estrella mirando detrás suya, preparándose para el peor de los casos
  • ¿Qué ocurre? Pregunté algo asustado.
  • He visto a una persona observándonos.
  • ¿Observándonos?
  • Sí, creo que es el chico que siempre está con esos imbéciles, y eso no es todo: también lo vi fuera de la estación de trenes. Creo que quiere algo de nosotros.
    Yo no veo a nadie Estrella ¿Estás segura de lo que dices? -le dije cuando giré la cabeza.
  • Tal vez estés cansada, ya estamos en la puerta de tu casa. Descansa, tal vez has tenido un día muy duro.
  • Me pareció haberlo visto. Bueno, no importa, buenas noches Orión, gracias por acompañarme.
  • Buenas noches Estrella, ya nos veremos mañana.

Aun tengo ese día grabado en la mente, como si hubiese sido ayer. Después de ese día, continuamos nuestras vidas con normalidad, aunque Estrella continuaba afirmando que aquel chico nos seguía. No le dábamos mucha importancia, pues creíamos que simplemente nos estaba tomando el pelo.

Todo continuó normal hasta que pasaron 3 años. Habíamos terminado nuestros estudios en el instituto y decidimos que antes de ir a la universidad, tomaríamos un año sabático ya que consideramos que era lo más oportuno. En una cálida noche de verano, decidimos que iríamos al centro de nuestra ciudad a tomar una cerveza y pasar un buen rato como hacíamos en una noche corriente.

¿Por qué no damos una vuelta? Hoy las calles están muy tranquilas. No creo que nadie nos moleste- propuso Mónica tras haber salido del bar al que fuimos.

  • A mí me parece una buena idea -contestó Estrella.

Yo no tenía muchas ganas de moverme, pero al final terminaron por convencerme. Caminamos hasta una calle que estaba desierta, y era bastante larga. De un momento a otro, sin que ni Estrella y yo pudiéramos hacer nada, Mónica fue empujada al suelo bruscamente. Yo supuse quien era, pero me aun así giré mi cabeza para confirmar mis sospechas: ¡Era uno de los tres imbéciles!: dos chicos y una chica, cuya crueldad no conoce límite ninguno. Esos tres indeseables eran, por así decirlo, nuestros acosadores desde hace bastante tiempo. Cada vez que nos veían, nos golpeaban sin excepción alguna y sin ninguna razón. Para ellos éramos sacos de boxeo que golpeaban cuando le venía en gana. Realmente su pandilla no constaba de tres personas, sino de cuatro. El cuarto miembro también era un chico, físicamente era exactamente igual a Estrella (delgado y guapo). No obstante, no parecía tan cruel como los tres indeseables: como formaba parte de un grupo cuya diversión era hacer sufrir a los demás, lo más lógico hubiera sido que él también participara, ya sea golpeándonos, riéndose de nosotros o grabar mientras éramos víctimas del bullying. Nada de eso sucedió. Ese muchacho, también de nuestra edad, siempre estaba callado y serio, apretando su puño cada vez que nos pegaban. Y ese día fue cuando descubrí el por qué.

Ese día, al igual que siempre, iban los cuatro juntos, y fue uno de los dos chicos quien derribó a Mónica. Yo me quise interponer para evitar que dañasen a mi amiga, pero la chica no me lo permitió: me asestó una fuerte patada en la cara aprovechando que estaba distraído.

  • No te metas, niño raro- me dijo tras darme un gancho.

Ni siquiera me dio tiempo a ver qué pasó con Estrella: cuando recibí la patada, vino corriendo para intentar defenderme, pero el otro chico la agarró del pelo, le dio un fuerte tirón y le asestó un puñetazo -martillo dejándola en el suelo también. A esos tres miserables no les importaba lo mal que nos lo hacían pasar, solo les divertía.

Cuando menos nos lo esperamos, escuchamos la voz del otro chico y dijo algo totalmente diferente a lo que nosotros nos esperábamos.

  • ¡Ya es suficiente! Dejad a esos muchachos en paz. No os han hecho nada malo. ¡¿Por qué les golpeáis sin razón?!
  • Este es su castigo. Su castigo por ser unos raros-dijo aquel que tiró a Mónica- las personas como estas no merecen el respeto de nadie.Una sociedad es buena cuando sus ciudadanos siguen una forma de ser correspondiente
  • Y cuando siguen ese rol, son buenos y merecen un gran respeto-continuó la chica-. Pero si no lo siguen, si tienen una personalidad diferente a la común, merecen ser castigados y humillados.
  • A eso lo llamamos ser único. Pero por lo que he visto durante todo este tiempo, es imposible haceros entrar en razón. Lo que si dejaré en claro es que yo no quiero ser como vosotros. Prefiero ser un “raro” como decís
  • Entonces que así sea, Isidoro-dijo el chico que maltrataba a Estrella.

Isidoro trato de plantarles cara valientemente, pero para sorpresa de todos, no sabía defenderse, y terminó exactamente igual que nosotros. Incluso peor, pues fue atacado por aquellos tres que llamaba amigos.

  • Eres más tonto de lo que yo pensaba Isidoro. Das demasiada pena como para seguir formando parte de nosotros. Debido al valor que has mostrado, dejaremos en paz a estos raros. De todos modos ya nos estábamos cansando de ellos -dijo la chica antes de que esos tres infelices se marcharan.

Cuando se fueron de aquella calle, tuvimos muy claro lo que teníamos que hacer: Isidoro estaba inconsciente y por decisión de Estrella, le llevamos a casa de Mónica para poder darle las gracias, curarle y sobre todo, para hacerle varias preguntas muy importantes. Llegamos a casa de Mónica y como era normal, sus padres estaban durmiendo. Llevamos a Isidoro al cuarto de Mónica, le tumbamos en su cama y le vendamos algunas heridas.

  • ¿No os parece raro que aun esté inconsciente? Preguntó Estrella.
  • Tranquilidad -la voz de Isidoro comenzó a sonar- He estado durante todo este tiempo consciente, pero no he articulado ninguna palabra porque aun me encontraba mareado, aun así he logrado enterarme de vuestra conversación. ¿Queréis hablar conmigo, cierto?
  • Sí, queríamos hacerte varias preguntas que tenemos en mente Isidoro, porque te llamas Isidoro, ¿verdad? -dijo Mónica.
  • Sí.
  • Además, por mi parte, aunque me cueste reconocerlo, tengo que decirte que me siento muy agradecido por todo lo que dijiste. No me esperaba que tuvieras tanto valor como para intentar enfrentarte a esos tres solo.- dije mientras me volvía a sonrojar.
    ¡No es momento para sonrojarse Orión!- me dijo Estrella muy seria-. Si, nos sentimos muy halagados por el gran gesto que habías tenido defendiéndonos, pero eso no justifica una serie de cosas muy importantes de las cuales queremos hablar. En primer lugar ¿Por qué nos observas, mejor dicho, por qué nos sigues? ¿Recuerdas esa calle oscura en la que estábamos Orión y yo? Tú estabas allí, observándonos y cuando me giré te habías ido corriendo.
  • ¿Por qué nos has defendido? -preguntó Mónica esta vez- No importa la cantidad de pena que dábamos, cualquier persona de nuestra edad en tu lugar no habría hecho lo mismo por temor o simplemente por no involucrarse en un asunto que no era de su interés.
  • ¿Por qué tienes tanto interés en nosotros?
  • Y por último -continué yo- quisiera saber porque has estado siempre con esos tres miserables. No tiene sentido que formes parte de ellos con el gran odio que les tienes.

Isidoro no mostró ningún rasgo de nerviosismo, se encontraba tranquilo, callado y pensando en como responder a aquellas preguntas.

  • Empezaré respondiendo a tu pregunta, eh…
  • Orión, me llamo Orión, y ellas son Estrella y Mónica
  • Bien Orión, empezaré respondiendo a tu pregunta. Veréis, yo era un chico normal y con una vida normal, y todo el mundo quería ser mi amigo. No obstante, yo no era feliz. Despreciaba el hecho de que las personas valoraran más la cantidad que la calidad. Mientras estaba sentado en la plaza situada al frente de mi casa, me encontré con aquellos a quienes vosotros llamáis miserables y me obligaron sutilmente a ser sus amigo, solo para sentirse importante. No tuve más remedio que aceptar, pues no tenía valor suficiente, pero realmente nunca quise ser amigo de ellos ni tener alguna relación con ellos. De hecho, ni siquiera se cómo se llaman. Las otras dos preguntas las puedo responder a la vez -nos dijo con una gran sonrisa en su rostro- ¡Sois un grupo fantástico! Yo siempre he buscado personas que se apoyaran el uno al otro sin importar las circunstancias y sobre todo, que tuvieran muy claro que la amistad se basa también en el cariño. Y pude ver esas actitudes gracias a vosotros. La primera vez que esos infelices os pusieron la mano encima, os observé cuando se marcharon y pude ver como os ayudabais entre vosotros con una sonrisa de oreja a oreja a pesar de lo que habíais pasado. Pude ver entre vosotros un afecto muy grande, un afecto que yo también deseaba compartir. A partir de ese momento, decidí observaros de más de cerca para comprobar que no me había llevado una imagen equivocada de vosotros. Sentí un gran alivio al saber que no, que en realidad os queríais como hermanos, y lo pude observar especialmente en aquella estación de trenes. Naturalmente, pensaréis que estoy loco o algo parecido, pero necesito que me entendáis: al estar siempre con esa gentuza, nunca pude comprender el significado de “tener amigos únicos”, y gracias a vosotros lo pude descubrir. Es por eso que reuní el valor suficiente para defenderos, y realmente ha merecido la pena porque estoy aquí hablando con las personas que admiro. A pesar de todo esto, me gustaría dar un paso más y convertirme en uno más de vuestro grupo, siempre y cuando queráis vosotros, por supuesto.

Hubo un silencio espectral. Estábamos en shock por todo lo que habíamos escuchado. ¿Quién de nosotros imaginaría una situación como esa? Básicamente Isidoro nos admiraba y quería ser nuestro amigo, cuando muchos nos consideran raros, ignorantes y tontos.

  • ¡A mí me parece muy buena idea! Isidoro, tengo el honor de ser la primera en decir
  • ¡Bienvenido al grupo!- Contestó Mónica alegremente mientras hacía un apretón de manos con Isidoro.
  • Nosotros… Bueno, nosotros dos deberíamos discutirlo en primer lugar. Te daremos una respuesta mañana. ¿Te parece bien Isidoro? -dijo Estrella un poco nerviosa por la situación.
  • ¡Claro que sí! -contestó enérgicamente- Os entiendo, y se que os resulta difícil aceptar a alguien después de lo que habéis pasado. En fin, me voy, os daré mi número y esperaré vuestra respuesta con ansias. ¡Adiós!
  • ¡Adiós, Isidoro, me alegra haberte conocido! -dijo Mónica alegremente mientras apuntaba el número de Isidoro.

Cuando se marchó, comenzamos a hablar los tres. Yo era el menos convencido de la propuesta de Isidoro.

  • ¿De verdad podemos confiar en él? -pregunté inseguro.
  • Parece muy buena persona, pero opino lo mismo que Orión, Mónica.
  • Deseaba este momento con muchas ansias -dijo Mónica- Ahora llegará el momento en el que yo os ayude a ambos: Escuchad, comprendo que estéis muy confundidos, pero me gustaría que por una vez, diésemos un voto de confianza a otra persona más. Este mundo está lleno de seres atroces, pero también hay seres buenos, bondadosos y dispuestos a estar con nosotros para lo bueno y para lo malo. A medida de que nos fuimos conociendo, nos demostramos numerosas veces esas virtudes. De hecho aun recuerdo cuando tu, Orión, diste un gran esfuerzo por hacerme ver bien a pesar de mis kilos de más. Isidoro nos está pidiendo una oportunidad para demostrar que es igual que tu, igual que Estrella e igual que yo. Es el primero después de mucho tiempo que no nos trata como una maldita basura. Tengo la sensación de que tomaremos una gran decisión aceptándole. Porque la amistad…
  • No necesitas hablar más, querida Mónica -interrumpió Estrella- Vamos a darle un voto de confianza ¿Verdad Orión?
  • ¿A quién pretendo engañar? Yo también quiero que sea nuestro amigo.
  • ¡Bien, ya puedes volver a entrar!
  • Vaya Mónica, ¡eres una hacha! -decía Isidoro sorprendido.

Estrella y yo estábamos impresionados, pues creíamos que se había ido. Resultaba que Mónica, tras apuntar su número, le había mandado el siguiente mensaje: “No te vayas todavía, cambiarán de opinión muy rápido, ya lo verás”.

  • Bien Isidoro, ¡Se bienvenido oficialmente al grupo!- dijimos Estrella y yo llenos de alegría.

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