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Dulce y amargo

29 octubre, 2013

Buenas a todos. Me siento especialmente feliz porque dentro de poco publicaré una serie de poesías que supusieron un antes y un después en mi vida. Dulce y amargo supone el termino de una época triste… eterna y dolorosa. Aun la recuerdo con el corazón encogido.

Me he sentido feliz

y he deseado que la tierra me tragara.

He saboreado el placer mas extremo

y sentido el dolor mas profundo.

He amado estar aquí

y añorado con mi alma mi hogar.

Ahora que el viaje llega a su fin,

con estas palabras vuelvo a sentirme yo mismo,

porque lo que ahí había de mí, no era solo yo.

Vuelvo a levantar la cabeza

y preguntarme si me ha gustado.

Si después de todo soy roca o cristal.

Si soy presa del dolor o a caso he disfrutado.

Si aún arruinado vuelvo rico,

o si un suspiro nunca fue tan pronunciado

por hacer latir mi corazón.

Coraza o mantequilla cubre mi dolor.

¿Amor o curiosidad?

El cielo lo sabe y el mar lo refleja.

¿Amor o curiosidad?

Esa es la cuestión,

mientras me debato entre montaña y abismo.

¿Te quiero? Seguro que sí…

¿Seguirás en mi mente? Puede que no…

Los golpes que no producen heridas endurecen la piel.

¿Mereció la pena estar aquí? No lo dudes…

Dolor no hay y placer ha habido mucho.

Ahora estoy cansado.

Y aquí estoy, entre un adiós y un pensamiento.

Estoy vacío, pero podría llenar hojas.

¿Qué mas puedo pretender?

No cantan los pájaros,

pero brilla el sol.

Aun lo recuerdo como si fuera ayer. Esto fue a la vuelta del primer viaje importante de mi vida, donde fui a buscar el amor. Entonces el sentimiento se congeló y jamás las palabras volvieron a mí, porque entre ella y yo hubo un silencio eterno. No hubo ruptura, ni discusión, ni siquiera un mal entendido… sólo un sentido adiós. Sus labios rozaron los míos por última vez y supe que sería la última vez que mis sentidos se sintieran embriagados por su presencia. Pertenecíamos a mundos distintos y en esos casos es mejor no avivar la llama de la pasión para no sufrir lo insufrible. ¿O tal vez el paraíso me cegó y no llegué a sentir amor verdadero? No importa, es mejor recordar la dulzura de nuestros encuentros, mientras mi mente y mi corazón miraban al frente, a un destino maravilloso que me tocaba tener… a pesar de no ser correspondido. Pero eso es otra historia…

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